martes, 8 de diciembre de 2009

Sofía (canción)

Vengo cargando un dilema
de esos que no te dejan en paz.
Te jode la psiquis con culpa
y no te deja dormir ni pensar.

El dilema se llama Sofía
y no sabe nada de mí.
cuando pasa le sigo la sombra,
y su sonrisa en mi memoria
                                   no me deja vivir.

Desperté temprano en la mañana
decidido a mostrarle quién soy.
Me detuve, la miré y dije "Hola".
Se detuvo, me miró y dijo
                                  "No sabes quién soy".

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Esperanza

La esperanza se fue por la calle,
destrozada y en harapos,
pidiendo limosna a algún alma pura
que quisiera tomarla y llevarla a su hogar.
Nadie se detuvo frente a ese espantajo,
ni siquiera las miradas más tiernas
pues no hay nada peor
que una esperanza hecha jirones.
¿Qué será de ella, si ni ella misma
se posee a cabalidad?
Por lo mismo se iba tornado transparente,
de poco a poquito,
no se hundía ni se mezclaba con el resto,
sino que se desvanecía irremediablemente,
sola, en la vereda de la ciudad
junto a la gente que volvía
trastornada e insípida al hogar.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Manos

Las manos
del obrero
descalzo,
animado,
son tercas,
desmedidas,
educadas
por el rigor
de texturas
agresivas,
condenadas
a ser piedra
erosionada
por la vida
y astillas
corrosivas
para caricias
de familia.

Las manos
del señor
que vi
en la micro,
que sujeta
fuerte
el fierro
y se para
con los ojos
perdidos,
son fuertes,
brutales,
bestiales,
colosales
y enormes
pancartas
de trabajo
bajo
el sol
del año.

Las manos
del viejito
terminando
el camino,
acarreando
su mochila
y hablando
despacito
son callosas,
insensibles,
implacables,
insondables,
llenas de
un misterio
de una
historia,
de muchas
cosas
olvidadas
que bien valen
por mil
cuentos
de mar y joyas.

martes, 27 de octubre de 2009

Sobre el Bienestar

¿Quién te dijo que mis gritos,
mis llantos y profundos desvaríos,
conducen a la tumba abierta y desgraciada,
al vacío y a la desesperanza,
a la locura y el misterio sin solución
ocultos en el último rincón,
de tus seguridades bienamadas?

No temas por mi cordura,
no pienses en mi amargura,
calla y empápate, por Dios,
con los más recónditos bramidos,
rugidos de ultratumba, nacidos
de los profundos abismos traicioneros,
esos que abundan en los hombres,
en sus almas, mentes y temblores;
esos arrolladores golpes que sufres cada día,
que a veces pasan sin pena ni gloria,
pero que crecen con una fuerza impía
que sucumben en la memoria.

Y llegan.
Tarde o temprano, llegan.
llegan a tu puerta, imposibles llegan,
llegan infalibles,
inclementes llegan,
llegan implacables,
llegan elocuentes y no hay salida,
llegan implacables y no hay huida.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Jornada

Luego de una larga tarde
de arduo trabajo
acaba la jornada,
que es solo un salto
de la mañana a la noche,
donde la mente se empequeñece
y la espalda cobra vida
y aguanta, aguanta
y carga sola
el fardo de las responsabilidades.
Es un instante que deja de existir,
salvo como fondo remanente
en la mezquina memoria,
propia del hombre.
Es un fango espantoso
que pasa desapercibido totalmente
hasta que el pantano rebalsa
y sale por las orejas,
por los ojos, por el corazón.
Luego nuestras manos quedan inútiles.
Luego, las cataratas nos impiden reír
y se nos olvidan las notas musicales.
Hemos perdido el fervor intrínseco
que nos alimentaba...
que hacía crecer nuestros sueños...
¿dónde quedó?
¿Dónde está mi futuro, mi presente?
¡Qué es el presente sin pasado,
ni el presente sin futuro!
Ese fango horripilante
se ha vuelto una frustración insoportable,
un sentimiento insípido
que no termina por acabarme
y que cada noche, antes de dormir,
me pincha con una hierba,
y me dice,
"No lo hiciste. No fuiste. No eres."
y no puedo dormir en paz,
pues la hierba se mete en mis orejas,
y ese feo y frustrante duende salta alegre
por los vacíos páramos de mi alma
gritando cada vez más fuerte
"No estás... no lo has hecho.
No es nada de lo que quieres".
Y luego no sé qué quiero,
y comienza a crecer un globo
lleno de furia, de ira, de todo
y mis ojos explotan en lágrimas,
una lluvia, enorme, me inunda
y me asfixio de llanto,
con las lágrimas hasta el cuello
y luego puedo por fin respirar
y el duende me mira de frente
con su olor a culpa y negra sombra
y me exclama una vez más,
"¡Nada!"
por última vez.
Y cejo mis intentos
y no vuelvo a intentar dormir.

domingo, 30 de agosto de 2009

Que no se me olvide

Olvidé contarte sobre aquello que aun me ata
a la tierra bella, que me conmueve y logra,
a veces,
levantarme del letargo natural
producto de la insipidez de la vida.

Recuérdame contarte acerca del lápiz
que dibuja las sonrisas en los peores momentos
y del sosiego dulce
que se logra luego de certeras curvas
profundas en el papel.

Déjame que te hable
sobre la luz y los calores
y de los sabores que te envuelven el cuerpo
y de la liviandad del mundo
y de deliciosos perfumes, fragancias (olvidadas),
doradas, blancas y amables,
que surgen a tu lado, a veces, justo a tiempo...

¡Que no se me olvide!
Debo decirte algo,
sobre tortuosos y agobiantes caminos
que se tornan amenos y cálidos,
cuando tu mente se despeja
y regresa de los páramos vacíos e infértiles,
lejanos (cercanos) asolados por las tempestades
de la existencia pura y solitaria.

Espero decírtelo todo,
todo y que no quede nada olvidado.
Espero que lo sepas, querido amigo, hermano.
Te lo diré, sin embargo, cuando te suceda,
cuando para tu alma todo este complejo puzle
encaje perfectamente y no necesite argumentos para verte
esbozar una sonrisa cómplice
donde todo tiene sentido y dirección
y los engranajes caigan por su propio peso
haciendo funcionar tu disposición para siempre.
Inercia.
Para siempre.

Hasta que lo olvides.

Y entonces esperaré otra vez
para volvértelo a contar.

lunes, 13 de julio de 2009

No seré yo

No soy yo quien tú crees,
soy mucho menos.
No soy bueno,
menos bondadoso.
Soy solitario,
soy inseguro.
Soy impreciso,
sin convicciones.
Soy como una cucharada de azúcar
en demasiada agua:
no alcanza,
no sirve,
desabrido,
malo...

domingo, 12 de julio de 2009

Confesión

Heme aquí otra vez.
Ya ha pasado más de un mes.
He vuelto sintiendo
cómo me inunda la derrota.
Cómo me inunda en un vaso aterradora;
envuelve y estimula mi memoria
para no dejar de atormentarme
con el frío yugo de lo cierto
que tiene la terrible realidad
de la desgracia.

Con mi cruz pretendo librarme
del mismo mal que me aqueja.
Es la desesperanza de lo evidente,
de aquella flaqueza inmunda e inevitable,
lo que en primer lugar me invita
cordialmente y sin rencor,
hundiéndome en sus profundidades traicioneras
con descaro absoluto y mi completa ceguera,
hasta ver el fondo para no ver más.
A mezclarme con el licor amargo de la culpa
y la acidez de la certeza de ser estúpido.

Entre lágrima y lágrima
de rabia, ira, odio y compasión,
bebo hasta la sal de mi desdicha
convertida y traducida en cristales sucios
de vergüenza,
exhibida y compartida como muestra
una vez más,
de la desdichada condición
de lo humano por excelencia
y del mundo vano que asecha
diario a diario al mugriento ser
que sin saber por qué lo habita.

Ya la triste angustia, sofocante y traicionera
va dando paso a la tan anhelada inconciencia.
Y luego todo se va borrando,
las vergüenzas, los miedos, los sueños;
todo va dando paso a un plano distinto,
donde aquello no tiene importancia...
donde aquello no vale nada...
donde aquello no existe...
donde ya no hay nada.

Breve Historia de una Estrella

Vi nacer las estrellas antes de ser creadas,
pues he sido yo quien aun no ha despertado
junto a la muchedumbre armada de insultos espantosos
sobre las hojas caídas del coigüe en otoño.
Las vi tras las nubes omnipresentes,
tras los rayos del rey de los cielos,
tras los infinitos pesares de un suelo empantanado;
de ese, donde florecen los sentimientos
y donde mueren las alegrías sin ser gozadas;
donde yacen tranquilos los lirios despojados
y donde reptan insolentes las hierbas malas.
He surcado sin pena ni gloria por océanos inmunes
a la cólera del destino, y he sembrado rosas
invisibles, que no huelen, no hieren, no crecen.
He sido invadido por una plaga inexistente de termitas finitas,
todo, todo bajo la luz escarlata de estrellas sublimes.
Fui iluminado por una lluvia de cometas,
al tiempo que el granizo imprudente de la gente
golpeaba con furia desde el suelo a las nubes.
Fui inundado sin misericordia por la estampida implacable
del hielo impío de las redes que atrapan a las almas perdidas.
Todo, todo bajo la luz de las estrellas.

Un día cerré los ojos y lloré en medio de cojines cómodos de seda,
grité con furia y soledad en una pieza vacía y llena.
Árboles y flores me rodearon con sus sombras de colores
y grandes aves rapaces posaron su pérfidas angustias
sobre mi cabeza. Desgarraron mi sonrisa
y las alas de arcoiris que tuve alguna vez se marchitaron,
se arrugaron y volvieron grises de espanto
apiñadas junto al baile y a mi canto.
Mientras mi ser explotaba indeciso en mil partes iguales
un oscuro paraguas me cubría el cabello
y un grueso abrigo me tenía con frío y callado.
Voló (explotó) todo mi cuerpo junto a todo mi ser
desperdigando ingratitud a la inmensidad imprecisa
que con desgano engulló a otra víctima de la vacuidad;
mi esencia ya no existía ni yo mismo pude ser
pues no es posible que haya si no ha de haber.
En esa inexistencia incomprensible de pronto llegó de lejos,
desde dentro de lo que ya no era más, una luz difusa
esmeralda como las calles en la tarde,
cuando se ha de llegar al hogar. Un temblor surgió de la nada
y una pequeña fracción de amor (que duró algo, poco)
fue canalizada hacia cada rincón del orbe gris del olvido.
Y una luz, una luz escarlata, una luz de plata, brilló a través
del olvido y el sinsentido, del ser y del no es cuando
el tiempo y cada momento se separaban para siempre
para dar lugar a la eternidad infinita y sin memoria.

Fui expulsado del absurdo del azar
junto al sentido, sentimiento y a la causalidad.
Fui ahuyentado por mi mismo vacío existencial
del desgano infértil de la realidad. Comencé a crecer,
víctima de lujuriosos colores y llevado por la creciente tempestad
de esas termitas horribles, que engullen sin parar.
Aun así me encontré solo en la inmensidad,
ya entero, ya uno y aun así en soledad.
Mas llegó el día en que mi cuerpo tan vacío quedó
que una mariposa triste sin quererlo por mis ojos entró.
Y sola ahí dentro se posó. Y de ella nació una estrella,
inmensa y colosal, y una luz tibia, púrpura como yo,
creció con un apetito voraz. Y engulló la nada que quedaba en mí
y me transformé en ella y ella en mí, y miles de rayos brillantes
escaparon fuera de mí y miles de prolongaciones mías
fuera de mí. Y fue ella quien se transformó en mí y yo en ella
y en el mundo que conocí. Y el mundo que conocí se volvió negro
y de pronto fue engullido por el brillo inocente de oro
de la estrella insolente que decidió olvidarlo todo.
Y todo desapareció, todo lo que fue y lo que fui, se esfumó.
Todo, todo bajo la luz de las estrellas, estrellas que no son;
pues vi la estrella antes de ser creada, pues esa estrella soy Yo.