La esperanza se fue por la calle,
destrozada y en harapos,
pidiendo limosna a algún alma pura
que quisiera tomarla y llevarla a su hogar.
Nadie se detuvo frente a ese espantajo,
ni siquiera las miradas más tiernas
pues no hay nada peor
que una esperanza hecha jirones.
¿Qué será de ella, si ni ella misma
se posee a cabalidad?
Por lo mismo se iba tornado transparente,
de poco a poquito,
no se hundía ni se mezclaba con el resto,
sino que se desvanecía irremediablemente,
sola, en la vereda de la ciudad
junto a la gente que volvía
trastornada e insípida al hogar.
miércoles, 25 de noviembre de 2009
lunes, 2 de noviembre de 2009
Manos
Las manos
del obrero
descalzo,
animado,
son tercas,
desmedidas,
educadas
por el rigor
de texturas
agresivas,
condenadas
a ser piedra
erosionada
por la vida
y astillas
corrosivas
para caricias
de familia.
Las manos
del señor
que vi
en la micro,
que sujeta
fuerte
el fierro
y se para
con los ojos
perdidos,
son fuertes,
brutales,
bestiales,
colosales
y enormes
pancartas
de trabajo
bajo
el sol
del año.
Las manos
del viejito
terminando
el camino,
acarreando
su mochila
y hablando
despacito
son callosas,
insensibles,
implacables,
insondables,
llenas de
un misterio
de una
historia,
de muchas
cosas
olvidadas
que bien valen
por mil
cuentos
de mar y joyas.
del obrero
descalzo,
animado,
son tercas,
desmedidas,
educadas
por el rigor
de texturas
agresivas,
condenadas
a ser piedra
erosionada
por la vida
y astillas
corrosivas
para caricias
de familia.
Las manos
del señor
que vi
en la micro,
que sujeta
fuerte
el fierro
y se para
con los ojos
perdidos,
son fuertes,
brutales,
bestiales,
colosales
y enormes
pancartas
de trabajo
bajo
el sol
del año.
Las manos
del viejito
terminando
el camino,
acarreando
su mochila
y hablando
despacito
son callosas,
insensibles,
implacables,
insondables,
llenas de
un misterio
de una
historia,
de muchas
cosas
olvidadas
que bien valen
por mil
cuentos
de mar y joyas.
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