Sí, a ti me refiero, maldito lector.
¿Quién eres tú? ¿Qué haces aquí?
¿Por qué lees, con cruda indiferencia,
lo que plasmado en este etéreo lugar
aparece como un grito desesperado?
¿Has visto los flacos dedos que escriben,
los atribulados ojos que los siguen
o la acabada alma que los dirigen?
O mejor aún, ¿sabes quién soy yo?
¿Sabes si soy o no soy?
¿Si soy hombre o mujer,
si me gusta el café
o si amo a mi madre?
¿O si te amo a ti?
¡A ti!
¡Y quién diablos eres tú, desconocido!
Lo único que veo
son miles de conceptos,
huérfanos y ambulantes.
No te conozco, ni menos te amo.
No sé quién eres, no sé si existes.
No sé si te gusta el café
o si amas a tu madre.
¿La amas? ¿De verdad?
Ahora vete, no me hagas perder el tiempo.
Déjame en paz, no me sigas,
no me leas, que esto no es para ti.
No es para mí, pues ya está en mi cabeza.
No es para nadie,
ni para mi madre, que quiero tanto.
... que quiero tanto...
No es para el mundo,
después de todo, ¿quién es el mundo?
Solo un montón de desconocidos.
Como tú, lector. Como tú.
jueves, 10 de junio de 2010
jueves, 18 de marzo de 2010
La culpa, entre nos
Hasta aquí llego, estoy ebrio.
No sé bien dónde estoy
ni quién eres tú, pero me alegro.
Y deja bien cerrado, que me enfrío...
¡pero no te vayas, que te extraño!
Quédate un momento, te acompaño...
¿necesitas ayuda?... No... no sé qué hablo.
¡Que no estoy llorando
ni me arrepiento de haber tomado!
Es solo que tengo miedo
de quedarme aquí atrapado.
Pero si es mi casa, por Dios,
¿por qué me miras así?
Sí, lo sé. Soy yo quien la ha cagado.
No sé bien dónde estoy
ni quién eres tú, pero me alegro.
Y deja bien cerrado, que me enfrío...
¡pero no te vayas, que te extraño!
Quédate un momento, te acompaño...
¿necesitas ayuda?... No... no sé qué hablo.
¡Que no estoy llorando
ni me arrepiento de haber tomado!
Es solo que tengo miedo
de quedarme aquí atrapado.
Pero si es mi casa, por Dios,
¿por qué me miras así?
Sí, lo sé. Soy yo quien la ha cagado.
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