Las manos
del obrero
descalzo,
animado,
son tercas,
desmedidas,
educadas
por el rigor
de texturas
agresivas,
condenadas
a ser piedra
erosionada
por la vida
y astillas
corrosivas
para caricias
de familia.
Las manos
del señor
que vi
en la micro,
que sujeta
fuerte
el fierro
y se para
con los ojos
perdidos,
son fuertes,
brutales,
bestiales,
colosales
y enormes
pancartas
de trabajo
bajo
el sol
del año.
Las manos
del viejito
terminando
el camino,
acarreando
su mochila
y hablando
despacito
son callosas,
insensibles,
implacables,
insondables,
llenas de
un misterio
de una
historia,
de muchas
cosas
olvidadas
que bien valen
por mil
cuentos
de mar y joyas.
4 comentarios:
Buenísimo, ¿qué más puedo decir?
Saludos!!
Muchas gracias Manomora!!!
Excelente!(:
cuida-t
Buena vibra
y gracias por el comentario!^^
byeee
wow...está mañana encontré un blog que me gustó sin decir más!!
saludos!!!
y leeré!!!
leeré!
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