Luego de una larga tarde
de arduo trabajo
acaba la jornada,
que es solo un salto
de la mañana a la noche,
donde la mente se empequeñece
y la espalda cobra vida
y aguanta, aguanta
y carga sola
el fardo de las responsabilidades.
Es un instante que deja de existir,
salvo como fondo remanente
en la mezquina memoria,
propia del hombre.
Es un fango espantoso
que pasa desapercibido totalmente
hasta que el pantano rebalsa
y sale por las orejas,
por los ojos, por el corazón.
Luego nuestras manos quedan inútiles.
Luego, las cataratas nos impiden reír
y se nos olvidan las notas musicales.
Hemos perdido el fervor intrínseco
que nos alimentaba...
que hacía crecer nuestros sueños...
¿dónde quedó?
¿Dónde está mi futuro, mi presente?
¡Qué es el presente sin pasado,
ni el presente sin futuro!
Ese fango horripilante
se ha vuelto una frustración insoportable,
un sentimiento insípido
que no termina por acabarme
y que cada noche, antes de dormir,
me pincha con una hierba,
y me dice,
"No lo hiciste. No fuiste. No eres."
y no puedo dormir en paz,
pues la hierba se mete en mis orejas,
y ese feo y frustrante duende salta alegre
por los vacíos páramos de mi alma
gritando cada vez más fuerte
"No estás... no lo has hecho.
No es nada de lo que quieres".
Y luego no sé qué quiero,
y comienza a crecer un globo
lleno de furia, de ira, de todo
y mis ojos explotan en lágrimas,
una lluvia, enorme, me inunda
y me asfixio de llanto,
con las lágrimas hasta el cuello
y luego puedo por fin respirar
y el duende me mira de frente
con su olor a culpa y negra sombra
y me exclama una vez más,
"¡Nada!"
por última vez.
Y cejo mis intentos
y no vuelvo a intentar dormir.
2 comentarios:
En efecto, las repetitivas jornadas pueden ser un tema frustante, pero qué bien que en tu caso haya sido una inspiración ¡eso es algo bueno!.. saludos...
Gracias Gabriel!!
Lo bueno es darse cuenta que la frustración viene de la repetición (rutina) y que se puede hacer algo al respecto (en teoría).
Se agradece el tiempo para leer poesía!!
Saludos
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